
Lo fabricó el hombre, lo fabricó a su imagen y semejanza, y es una gran congoja y un hombre inmenso que continúa a todos los hombres con todos los hombres muy hombres hacia lo infinito, un sueño, todo un sueño o un triángulo que se diluye en las estrellas claras.
¡Cuánto dolor necesitó la tierra para crearte, Dios, para crearte! ... - ¡Cuánto dolor! -. ¡Gesto de la angustia del mundo, enfermedad de la materia y enorme, enorme manía de enormidades! ...
Aquella gran caricatura humana, Dios, llena los cielos vacíos, las tristes conciencias y las congojas grandes y su voz de cadáver neutro resume y suma, para el hombre, todos los gemidos de las cosas y, además, lo otro lejano, en su actitud corriente y desconcertante como palabras de mujer o su niño ingenioso; Dios malo, Dios bueno, Dios sabio, Dios necio; y Dios que tiene pasiones y gestos, virtudes y vicios, mencebas o hijastros adulterinos y oficina como boticario, como un peluquero cualquiera.
Por él, solo por él la tierra escupió los cándidos frutos de la tierra, y el hombre negó al mundo enorme, cuando negó al mundo; ¿quién fue, quién fue jamás, quién fue más amado que él?... él y sólo él fue lo más amado y no era nada, nadie, nunca, nunca, nunca fue, nunca, nunca, nunca!...
Tragedia de Dios por Dios y la mayor infamia de los siglos, la mentira y la patada fenomenal a los derechos de la vida.
Dios contestó sonriendo, contestó Dios en Dios las más tremendas, las más oscuras, las más funestas interrogaciones y la gran pregunta de las cosas; pero las más tremendas, las más oscuras, las más fuertes interrogaciones y la gran pregunta de las cosas aún, aún no han sido contestadas todavía, todavía no han sido contestadas; Dios apalastó la tierra (¡oh hipopótamo sagrado!), con las patas inmundas y hoy las huellas perduran sobre los caminos y la panza trágica de los mundos.
Ennegreció y emputeció la vida con la pintura negra de los sueños y orinó la dignidad del hombre.
Dios, por lo único que te admiro es porque no existes... "Dios! ¡Dios!...", aúllan los pueblos y las viejas, las viejas y los pueblos por las llanuras teológicas... ¡Callad!... idiotas, callad..., callad... Dios sois vosostros.
Gran ala absurda, Dios se extiende sobre la nada...
Pablo de Rokha


1 comentario:
Qué lata: me gustó harto el poema, pero creo que en mi sección de Chilena no pasaremos a P. de Rokha =(
Suerte en tus trámites!
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