La crisis se agravaba día a día, no quedaba qué comer en los alrededores y los pobladores pensaban en retirarse a otro lugar. El hospedador se afanaba en lanzarles bombas de gases cuando recomenzaban a organizar los restos de la ciudad.
El científico del pueblo por fin había descubierto cuál era el gas que día a día mermaba la población. Reunió a todos lo habitantes y les dijo:
- No hay otra solución, debemos retirarnos.
El Alcalde asustado preguntó:
- Sabemos que la situación es grave, pero… ¿no hay algún químico que pueda contrarrestar el gas?.
El doctor sombriamente le respondió:
- Ante el nuevo pulguicida no tenemos poder alguno, es una nueva fómula que creo Lysol que mata a más del 99,9% de nosotros, es más de lo que yo podía planificar.
Todos los ciudadanos, ante su imposibilidad de correr sin dar un salto entre medio, saltaron desesperados. El pánico cundía en la ciudad. Ni cuando el lider garrapatista, Miguel Parásito los había sitiado, hubo tanto alboroto.
Los policías saltaban tras los alborotadores. El Alcalde quiso tomar aire y poner calma.
- Pulgas y Pulgones, Pulgoncitos y Pulgoncitas, tranquilidad. Vayan todos a sus casas, empaquen las cosas que sean estrictamente necesarias y vuelvan dentro de una hora a la plaza… Emprenderemos El Éxodo.
Todos los asustados ciudadanos se dirigieron a sus casas. El Zapatero empacó martillo, clavos y cuero para arreglar los zapatos del pueblo en la larga caminata. La Lavandera, que tenía mucha ropa por lavar, lavó, ordenó y empacó las prendas para entregarlas a sus clientes en el camino. El Mendigo no tomó nada y durmió.
Luego de una hora todo el pueblo estaba en la plaza. En una tarima estaba el Alcalde con su báculo. Advirtió a los ciudadanos que el viaje sería peligroso y que la sedosa y peluda selva sería difícil de traspasar. Recalcó que a cada paso tendrían la incertidumbre sobre la aparición de la Garra Gigante que los perdería de su camino. Aún así les pidió confianza. Allá, lejos, donde los confines de Tutmosis, el hospedador, terminan, les esperaría una suculenta tierra prometida.
Por fin, luego de años de trabajo podrían conocer aquella tierra propia. Siempre se había rumoreado que la selva que allí los esperaba era más suave. Cada mañana un despertador como de ronrroneo les sacaría de su apacible sueño. Que las siestas eran tan prolíficas como el alimento pues el nuevo hospedador solo comía y dormía.
El Alcalde sintió los ladridos que eran la alarma de bombardeos cercanos; alzó su báculo. La espesa selva se abrió, dándoles paso a un despejado camino. Todo el pueblo avanzó rápidamente pues el mortífero gas se aproximaba. Al llegar a las fronteras que separaban Tutmosis de el resto del mundo vieron como trágicamente el gas corría tras de ellos por el camino que había abierto el Alcalde. La desesperación se encendió en las gentes, pero como por obra de magia, el Alcalde alzó el báculo, miró el cielo y la selva se cerró tras su paso.
La multitud estaba asombrada ante el prodigio que acababa de contemplar. La tierra que los tenía como esclavos se despedía tras sus pasos. Ahora, lejos, atravesando el recibidor, al llegar a la cocina, la tierra prometida ronroneaba ante sus ojos. El suave y vasto pelaje subía y bajaba al son de un apacible sueño. Takun los esperaba.
Emprendieron nuevamente su marcha tras el susto que les provocó la ola de gas blanco. El tiempo pasaba lento, exasperante y lleno de peligros. Aquí y allá montañas gigantes se elevaban y los disminuían. A ratos un zapato amenazaba con dejarlos varados tras su suela, lo que significaba la muerte. La muchedumbre se daba por vencida, pero el Alcalde los animaba.
- ¿Acaso no pueden ver la tierra que les espera y que les promete alegría?.
Ante las exhortaciones del Alcalde, la masa, que revivió, comenzó a ayudarse mutuamente. El Zapatero tomó sus herramientas y comenzó a reparar zapatos. No sabía cómo empezar, como alivianar el dolor de aquellas pequeñas patitas. La Lavandera corría, sacudía la ropa, saltaba, frenética, para entregar las vestimentas. El Mendigo no hacía nada.
Con la reciente agitación las distancias se acortaron a la concurrencia, llegaron. Era solo cuestión subir la escalera de la gran fortaleza de Takun y comenzar a establecer la nueva ciudad.
Con grandes esfuerzos lograron que todos subieran las escaleras y se adentraran a la selva. Una selva con gran belleza fue lo que encontraron.
Los niños corrieron, las mujeres parloteaban de contentas, todo el conjunto se regocijaba ante el nuevo espectáculo. Disfrutaban en el nuevo paraje.
Cuando por fin encontraron una planicie, lo suficientemente basta para que toda la multitud viviera bien, comenzaron los trabajos de construcción. El Alcalde hizo su municipalidad, el Zapatero hizo su zapatería, la Lavandera hizo su lavandería y el Mendigo no hizo nada. Todo el pueblo estaba en movimiento pues era necesario que estuviese todo firme, para que con el primer movimiento de Takun no se fuese todo abajo. El nuevo pueblo puso empeño en su labor y terminó rápido.
Al anochecer todo estuvo listo. El Alcalde pensó en la nueva tierra y en que había que celebrar. Así, cada habitante llevó comida, música, lo necesario que toda fiesta necesita para poder realizarse.


11 comentarios:
¬.¬ ya me dio envidia
Pd: very nice socito, siga así ;o)
Porque no habían cuentos así cuando tenía 6 años?
Sí, envidia.
Narco.
Grax!!! ^-^
Niset
eres genial,espectacular,extraordinaria,hiper, mega, etc., gracias por tu comprensión hacia nosotros tus lectores, sigue así, te queremos.
cucu
Niset
eres genial,espectacular,extraordinaria,hiper, mega, etc., gracias por tu comprensión hacia nosotros tus lectores, sigue así, te queremos.
cucu
Niset
tu creatividad me deja anonadada, encuentras en cualquier cosa tu inspiración, ahora podrías hacer una oda al Drive y sus biosolves.
????????
tcm
cucu
ya no queda nada, se que es difícil para tí, pero has tu último esfuerzo, ánimo, desde la distancia siente que ahi estoy apoyandote siempre.
tqm
holograma
felicitaciones por tus dos logros obtenidos a la fecha, espero que sean seis, y si no, que le vamos a hacer, mas se perdió en la guerra, y solo queda seguir, seguir, seguir adelante.
tqm
holograma
hola pepi, estoy contenta ya que tienes 4 preocupaciones menos, ojalá sean 5, fuerza y ánimo.
tqm
cucu
hola de nuevo, otra preocupación menos, me alegro mucho por ti, el último empujoncito y a descansar,
tqm
cucu
¡hola! buen cuento ése, genial idea para hacer las labores de otros más placenteras; lo que es yo, mi imaginación y el tiempo jugaron en mi contra. Al menos se acaba el semestre y vienen unos días de + relax. Ojalá q todo vaya bien por allá, si te tink venir al sur ya lo sabes, estás + q invitada. Saludos y un gran abrazo.
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